Nacido en el sur de Francia sobre las riberas de la Ródano,
Joel
Medina
alias el Boticario, exuberante, turbulento y
enamorado
de la vida al igual que los artistas en hierba, conoce juventud
agitada.
Muy pronto cansa a sus profesores que se lo volverán bien.
El
poco de
que se entera en primer lugar, es leyendo libros. Los abre por
ociosidad sobre los techos de su ciudad donde él pereza,
como el
lagarto al sol, abandonando sus cursos de órgano
colegiado. Cuando no va sencillamente en
la pesca
o no juega
del
violín...
Descubre
el Yoga
y la sabiduría de Extremo Oriente a veinte
años,
mientras que prosigue a través de todo el país un
septenato iniciático que lo conducirá hasta
Ocland, una
misteriosa facultad. Se consagrará allí a
imbécilo-matemático-tontología en1992.
¡Pero
que
los fósiles de
Pitágoras
vayan al diablo! El Boticario rompe entonces con sus verdugos a la
culta suficiencia y se retira en su reino de Crisoland.
Vive actualmente en compañía de su felino
siamés
Mowgli y de su mejor amigo, el famoso Hombre Lobo. Con su complicidad,
intenta componer el brebaje
alquímico
que entregará a la humanidad de la plaga de la
tontería y
a algunas otras hermanas. El ermitaño inscribe sus
observaciones
de laboratorio sobre galimatías cuyos misteriosos quiere
bien
revelarnos algún.
Frente a la amplitud de la tarea emprendida y la extraordinaria
variedad de las locuras humanas, tememos, desgraciadamente, que no haya
terminado de prevalecer.